Monday, July 31, 2006

FESTIVAL DE TEATRO, 2006

FESTIVAL DE TEATRO Santo Domingo, marzo, 2006. Para hablar de nuestro teatro hay que hacer una amplia investigación. Aquí sólo me concentro en la muestra de desarrollo teatral que puso de manifiesto el Festival Emilio Aparicio, llevado a cabo en la sala Manuel Rueda de la escuela de Bellas Artes, por la Escuela Nacional de Drama que preside el gran actor, director y dramaturgo Iván García. A pesar de la ausencia de textos dramáticos en los últimos años, nuestro teatro permanece vivo y con toda la fuerza necesaria para seguirse moviendo en los escenarios. La mayoría de las obras presentadas en el festival eran de autores dominicanos y las que no lo eran, tenían una estrecha relación con nuestra realidad. La interrogante del dramaturgo Iván García, acerca de si existe un teatro dominicano, encontró respuesta antes de la actividad con sus explicaciones a lo largo de todo el programa y se hizo visible después del derroche de capacidad, profesionalidad y pasión por el arte observado durante el festival. Es importante resaltar que mientras se desarrollaba el festival en la sala Manuel Rueda de la escuela de Bellas Artes, muchas instituciones y grupos independientes también estaban celebrando el Marzo Teatral, lo cual sigue justificando el progreso de nuestro teatro. Se nota una preocupación por el teatro, lo cual debe continuar, ya que debemos educar a nuestros jóvenes para que tengan conciencia de lo que es el teatro. Hay estudiantes que terminan el bachillerato y la universidad, sin nunca presenciar una obra de teatro, no porque el teatro sea para un público reducido, como suele decirse, sino, que no ha tenido la oportunidad de hacerlo, ni mucho menos tiene conciencia de lo que es este arte. Hay que comenzar desde las escuelas a orientar a nuestros jóvenes acerca del importancia del teatro, el cual anda huérfano, deambulando en escenarios vacíos, no digo vacíos porque no asistan espectadores a las salas, sino porque nuestro público carece de educación, y por tanto, no hay una motivación, ni mucho menos una conciencia del teatro. Para la gran mayoría de los espectadores y en muchos casos actores y directores, el único propósito del teatro es hacer reír, este problema social al parecer muy sencillo, se debe a la falta de conocimiento que posee nuestro público, no saben el cometido que desde su origen ha tenido el teatro. Este tema también fue preocupante para poetas y dramaturgos del país, como Héctor Inchaustegui Cabral y Máximo Avilés Blonda Acosta, no voy a seguir citando, para no hacer de este comentario una obra voluminosa. El teatro no tiene que ser aburrido, pero algo positivo debe dejar en la mente del espectador. No creo que personajes como Alonso Quezada o Noemí, por citar algunos de los nuestros, sean creados con el propósito de hacer reír. La crítica al público es histórica, ha surgido en todas las sociedades, donde la lucha por una consciente apreciación del arte es papel de un grupo muy reducido. Jacinto Grau ha ido más lejos, tuvo el valor de decir que el teatro español de su época se encontraba en una rutina y que tenía que salir de la misma. Él quería sacar al teatro de esa rutina. Quizá por eso las representaciones de sus obras no tenían éxito. Al cuestionar al público de su época, Lorca dice: “Lo grave es que las gentes que van al teatro no quieren que se le haga pensar sobre ningún tema moral. Además van al teatro como a disgusto, llegan tarde, se van antes de que termine la obra, entran y salen sin respeto alguno” (Obra completa, Madrid, Aguilar, 1972, Págs. 1748 y 1767.) Frente a esta situación debemos reflexionar, el humor es importante en toda obra de arte, pero hay que saberlo hacer, no nos podemos convertir en meros payasos, sólo para satisfacer al público, somos nosotros los que debemos renovar al público, tratar de que éste esté de acuerdo con nuestro tiempo –afirma Brecht-. No trabajando, como hacen muchos directores, pensando en la reacción del publico frente a una obra seria. El público no es culpable de esa limitada apreciación del teatro. Muchas veces el ser humano se acostumbra a recibir lo que se le da y si los mismos educadores tienen una idea errónea acerca del teatro, así mismo crecen nuestros jóvenes. No son capaces de entender la importancia que desde los antiguos pueblos orientales y occidentales ha tenido el teatro. No son los autores quienes cuestionan los vicios de una sociedad son los personajes que ellos crean, los que se levantan en contra de los problemas la misma. La presencia del teatro árabe en Israel, es una muestra de la importancia que tiene el teatro en una sociedad, según ellos, no hay sólo un deseo, sino una necesidad de que en Israel exista un teatro árabe, con ello, además de defender sus derechos culturales e identidad pueden educar a sus gentes. Este grupo de teatro está dirigido por Yusuf Abu Warda, quien afirma que la creación de este teatro fue decisión de Shulamit Aloni, ministra de educación durante el gobierno de Rabín. Dejo abierto el mensaje para nuestras autoridades educativas. Porque como dije más arriba, Aquí la gran mayoría de los estudiantes de las escuelas públicas termina el bachillerato sin tener la oportunidad de presenciar una obra de teatro, un concierto de música clásica o una presentación de un grupo de ballet. No es un chiste decir que en una feria del libro dos jovencitas se burlaban de una presentación que tenía la sinfónica juvenil, lejos de ser un chiste, es una pena, porque cuando me acerqué a ellas me comentaron que nunca habían tenido la oportunidad de ver un concierto de esa naturaleza, que de los instrumentos sólo conocían la guitarra y la tambora, pero al mismo tiempo se burlaban del maestro, porque habían obtenido una nota excelente en Educación Artística. “El teatro tiene que conectarse con la realidad. En definitiva, cada obra que se representa debe ser relevante para el público” (Warda, 1998.) Esta afirmación de Warda se justifica, ya que él conoce su público, adaptado a las obras relevantes que él representa y, lo relevante de estas obras es que se representan en idioma Árabe y llevan a los espectadores la problemática actual del Oriente Medio, es por eso que el propio autor afirma que el teatro tiene que conectarse con la realidad. No es algo nuevo para nosotros, ya lo habíamos aprendido de Ibsen. No es que se haga algo que el público simplemente quiera, sino que su público ya exige un buen teatro, que actores conscientes de la cultura ha puesto en escena. Lo que es peligroso es que los artistas de una sociedad juzguen su público por una simple suposición. Si los árabes –dice Warda- no pueden integrarse plenamente a la vida cultural hebrea, es importante que puedan tener la suya propia. Lo quieran o no, forman parte de la escena cultural israelí, pero su lugar natural está en la escena palestina (Revista Ariel, 1998.) Así como el teatro árabe de Israel, son muchos los movimientos culturales que existen, pero ante la falta de apoyo de parte de los gobiernos y el silencio de la crítica, parece creerse que todo ha terminado. En América el teatro ha desempeñado su rol en los momentos necesarios y ha dejado huellas en las mentes de sus seguidores. Carlos Sorlózano, por citar un ejemplo entre tantos, hace al pueblo hablar a través de los labios de Merlín, con su “hechizo” ha mantenido viva la utopía de los campesinos que esperan que algún día los campos van a reverdecer, lo que se logra con la ceniza de los huesos de Merlín. Cuando en los campos, el verde abrazo de los árboles obstaculiza el camino, los abuelos nos ayudan a cruzar y luego le sonreímos alegremente, es por eso que quiero felicitar a esas de figuras que levantaron torres babilónicas nuestro teatro y aún en nuestros días hacen maravillas en los escenarios, donde a través de ellos, Segismundo, Julio César... y las invenciones de Schiller y Goldoni golpean las puertas de nuestros sentidos. Nunca he estado de acuerdo con los teóricos que han querido sacar lo humano de las creaciones artísticas. La ficción es la fuerza del arte, pero esa ficción siempre debe llevar un toque de realidad. Los autores que han logrado personajes perdurables es porque lo han asimilado con toda la sensibilidad que debe tener un artista. Esos personajes de carne y hueso que se han creado a través de la historia, van recobrando nueva vida en nuestras manos y es por eso que Claudio Rivera ha hecho de Otelo un personaje con su propio apellido, que desarrolla un diálogo directo con los espectadores. Claudio ha convencido a Otelo, lo ha llevado de la mano hasta nosotros y nos lo ha hecho sentir en el corazón con la misma fuerza que Shakespieare, lo re-creó y lo llevó a nuestra época. Esa es la ventaja que tienen esos personajes de carne y hueso, cuando llegan a la mano de un verdadero artista sienten lo mismo que los humanos, se convierten en denunciantes de la tragedia existencial. Es evidente que los grupos de teatro de las universidades y los independientes están jugando un papel muy importante para mantener vivo nuestro teatro. Muchos de ellos tanto de la ciudad como del interior participaron en el Festival Emilio Aparicio. Estos grupos merecen el aplauso y apoyo de la Secretaría de Cultura, ya que los mismos hacen teatro por amor al arte. Tal vez sirvan de estímulo a las autoridades, para que se ocupen en mantener vivo este arte tan importante y que no suceda lo mismo que con los Talleres Literarios. La Secretaría de Cultura creó Talleres Literarios, sin ni siquiera tomar en cuenta a los talleres que han venido trabajando durante décadas, para orientar a tantos jóvenes preocupados por el quehacer literario. No me propongo, por el momento, hacer una reseña de cada obra, pero hay algunos detalles que quisiera compartir con mis amigos lectores. “Duarte, fundador de una República” encarna con belleza escénica la historia de nuestra Independencia. Los acontecimientos desgarrantes que vistieron a los héroes de la Independencia, cuya sangre engendró la libertad. Una libertad que a pesar de ser comprada a precio de sangre se ha ido convirtiendo en libertinaje, aprovechando nuestro territorio para beneficios individuales. Hablar de “Duarte, fundador de una República” es reconocer que nuestros héroes deben ser recordados, no porque la historia nos ha mostrado sus rostros, sino porque los hemos visto luchar por nuestra Independencia y eso es lo que ha hecho Domínguez, contarnos la historia con héroes de carne y hueso. Ha recorrido todo el país, ostentando la verdadera historia de la Independencia Nacional, mostrando con gran valor artístico la sangrienta gesta llevada a cabo por los independentistas, a través de un drama que nos hace vivir el momento mismo de la lucha. El 18 de marzo, El teatro del Sol, presentó la obra “De Lorca”, allí danzó el teatro al ritmo del concepto artaudiano de la palabra, la poesía se levantó del papel como lo soñó García Lorca, que desde su tumba envió un abrazo a Elvira Taveras, por el éxito de la buena asimilación de sus textos, donde personajes vivos denuncian el dolor de una sociedad. La zapatera, Bernarda Alba, su criada y su madre, así como la madre y la novia de “Bodas Sangre” se expresaron a través de la fina belleza de la actriz, que logró con tanta maestría mezclar ese aparataje de voz y cuerpo que exige el arte escénico. Esto sirve de ejemplo para muchos jóvenes teatristas que ven el teatro aislado de la poesía y muchas veces de la literatura. Hermes De Paula, Santo Domingo, 03 abril, 2006. Hermes De Paula, Santo Domingo, 3 de abril, 2006.

Thursday, May 04, 2006